-Cuando tienes un día de fiesta entre semana y te levantas a la misma hora de siempre. De hecho has puesto el despertador a esa hora en concreto.
-Cuando te levantas con caaaaaaalma, no automaticamente y completamente despierto como hacías antes.
-Cuando dejas la cafetera preparada mientras te duchas, así el café está calentito nada más salir de ella.
-Cuando bajas las escaleras con cuidado y no de dos en dos. Sobre todo si llevas calzado de verano.
-Cuando no corres para alcanzar el autobús que ves justo en el cruce. No te apetece empezar la mañana corriendo o sudando. Además has de vigiliar por tus rodillas, que cada día molestan más.
-Cuando jamás pones a primera hora música que no relaje. Erick Satie es bueno para el viaje de las mañanas, nada de Iron Maiden o Rage antes de las diez...
-Cuando llegas al bar de cada día y en vez de quedarte pides el café para llevartelo a la oficina.
-Cuando enciendes el correo del trabajo y tienes cientos por abrir. Tomas aire lentamente y empiezas a borrar...
-Cuando tus compañeros más jovenes llegan tarde aludiendo mil excusas y empiezan a contar las juergas que se han pegado el día de fiesta, cuando tu lo único que has hecho es relajarte y descansar. Rezas por tener una escopeta con munición infinita....
-Cuando llega tu jefe y en vez de los buenos días te dice que van a quitar los horarios intensivos de los viernes despues del verano. Ahora si que necesitas esa escopeta...
-Cuando llevas una hora en la oficina y en vez de tu curro dejas todo y escribes estas tonterías a las ocho de la mañana.
Por cierto. Yo no soy mayor. Soy muy sabio, que es distinto...
Hace dos dias que funciona el ascensor nuevo. Solo faltaba colocar el espejo y cuatro tonterias más. Y digo faltaba porque ahora esta un poco... roto. Como cada fin de semana he quedado con varios amigos para ir a cenar y cuando bajabamos en el ascensor mi hermano y yo nos hemos quedado entre dos pisos. Se ha parado haciendo un chasquido nada alentador pero como es nuevo, se ha detenido y en teoria tocaba esperarse a que nos sacasen. A pesar de tener un presidente de escalera inutil y que no hacia mas que decir chorradas, un vecino ha llamano a los bomberos y han venido en menos de cinco minutos. Cuando nos han sacado nos han dicho que los cables no estaban tensados, que el ascensor estaba cogido por el freno que por suerte al ser moderno salta a la primera, pero que nos podíamos haber matado. A ver este lunes que nos cuentan los de la compañia instaladora para decidir si les metemos una demanda.
Encima me va a tocar más dias subir siete pisos andando (tal vez los subiré un par de meses hasta asegurarme que el ascensor esté bien).
Hoy he vuelto a ir al médico. Los continuos constipados que he tenido desde octubre debido a la bronquitis mal curada me están destrozando, por si no fuera poco tener todos los problemas que arrastro. De momento mi doctora (que gracias a Crom que ha vuelto porque si no mato al sustituto) me ha adelantado que aunque me tienen que hacer varias pruebas este mes, tengo asma o alergia, aunque se decanta más por lo segundo. Así que ya me han alegrado la mañana. De momento tengo que tomar más pastillas y he vuelto a los sprays.
Voy a echar una primitiva a ver si con la mala suerte que tengo, me tocas dos euros para el cafe....
Me viene a la cabeza una estrofa de una canción de Pau Donés
"Bonito. Todo me parece bonito"
¡Pues que suerte, chaval! A mi me parece una mierda...
No es que mágicamente se hayan alargado mis vacaciones, sinó que el maldito resfriado ha hecho su apoteósis cual desembarco de Normandía y no he pegado ojo en toda la noche. Así que de momento hoy me paso el día en cama y mañana ya veremos si puedo volver a la oficina o acabo por morirme de una puñetera vez. Si me preguntan, perfiero estar sanote y aguantar todo el zoológico que es mi empresa que estar moqueando y con el cerebro licuándose por momentos y estar en casita.
Al final me voy a volver adicto al paracetamol, y mira que es jodido eso... aunque al menos el vicio me saldrá barato.
La primera vez que te ví nos odiamos a muerte en apenas segundos. Tú tenías que mantenerte en este trabajo, aunque habías entrado por enchufe, y yo estaba obligado a enseñarte, pese a las quejas a mi jefe directo sobre la poca gracia que me hacía.
La primera mañana que pasaste en la oficina ya querías irte. Decías que el trabajo era muy estresante y ni siquiera te había enseñado una décima parte de él.
La primera vez que discutimos no llevabas una semana trabajando. Eras una fierecilla malcriada que no le gustaba que le dijesen cómo se hacían las cosas. En el fondo tenías la sospecha que, como el resto de tus trabajos anteriores, durarías poco o nada, pero no te importaba en absoluto.
La primera vez que te di la cara por tí llevabas quince días trabajando. Habías sufrido un accidente que te obligaba a coger la baja un par de semanas y los jefes querían echarte. Pese a que no nos caíamos bien, me pareció algo injusto. Me planté delante de uno de los jefes y le ataqué donde más le dolía. Funcionó y no sólo le convencí sino que además le dijo a los otros dos jefes que ni se les ocurriese echarte. Cuando te enteraste, flipaste, pero ni siquiera me diste las gracias.
La primera vez que te dejé sin habla caminabamos juntos por casualidad camino de la parada del autobús. Tú me comentabas alguna tontería del trabajo y yo pasé de tí. Te enfadaste,y me gritaste que me estabas hablando. Yo te contesté que estabamos fuera del trabajo, que no quería saber nada y que no hacía falta que disimulases e intentases entablar conversaciones banales conmigo, que yo ni era simpatico ni agradable. Me llamaste borde y te dije que nadie era perfecto, pero que prefería ser un borde a una niñata malcriada.
La primera vez que hablamos sin gritarnos fue un día poco después de volver de la baja. Yo estaba escuchando al mediodía la banda sonora de Piratas del Caribe y tú me dijiste que te gustaba Hans Zimmer. Me chocó que te gustasen las bandas sonoras y estuvimos un rato hablando de compositores. Al día siguiente en tu mesa aparecieron una veintena de cds, ninguno de ellos los habías escuchado nunca. Te dije que los escuchases las veces que quisieras, que ya me los devolverías. Te quedaste otra vez sin habla.
La primera vez que me comí un broncazo por tí fué por culpa de tu faena. No te fijabas demasiado y no te importaba nada. Pero dije a mis jefes que había sido cosa mia y cuando me preguntaste por qué lo había hecho te contesté "¿Que clase de compañero sería si no puedo tapar a los demás? A mi no me dirán nada, pero vigila la próxima vez". Sólo quería que aprendieras y que te centraras. No entendía por qué apenas te interesaba mantener el puesto de trabajo, aunque eso te acarrearía un gran problema en casa porque tus padres te matarían.
La primera vez que te eché de menos fue cuando te fuiste de vacaciones por Navidad. Cuando regresaste, quedamos un viernes para darme un par de cosas que me habías traido de Italia. Me dijiste que me habías echado de menos, que te faltaban mis gruñidos , mis quejas y las broncas constantes que te metía. Empezaste a hablarme de tu vida y empecé a entender ciertas cosas y porqué eras como eras. Por un momento nos quedamos mirando sin hablarnos. Ahí empezó todo.
La primera vez que te evité fué después de Navidades. Yo sabía que me estaba metiendo en terreno peligroso y que acabaría mal, así que puse todo mi empeño en intentar mantener las distancias sin llegar a ser un borde. Tu no lo entendiste, y llegaste a enfadarte un par de veces. Pero como buena cabezota que eras, seguiste viniendo a mi lado.
La primera vez que comimos juntos habías descubierto un sitio barato cerca de la oficina. No era sucio, ni cutre, ni caro, y se comía bastante bien. Pese a mi reticencia no pude decir que no. Lo pasamos bien, hablamos un poco de nuestras vidas y me dí cuenta que no podía ni quería evitarte. A la mierda los buenos principios, a la mierda las buenas intenciones. Por una vez mi lado egoista triunfó.
La primera vez que te ví llorar fué un día comiendo donde siempre. Tu tenías un horario distinto al mío, por lo que ibas un poco más tarde y te sentabas en mi mesa cuando yo estaba tomando café. Había días que yo te esperaba y llegaba tarde a propósito para verte cinco o diez minutos más. Aquel día apenas habíamos hablado. Te pregunté que te pasaba y rompiste a llorar. Te cogí la mano y no dije palabra, sólo esperé a que te calmases. Me lo contaste y te dije que todo iba a salir bien, que no te preocupases y que yo estaría a tu lado siempre. Me preguntaste por qué era tan bueno contigo siempre si te habías portado mal conmigo. Te dije que los amigos estaban para lo bueno y para lo malo. Ese día me pediste que te acompañase en el autobus. Desde entonces cogimos siempre el autobus de vuelta.
La primera cita que tuve contigo fue una tarde, despues de salir de la oficina. Querías ir a una cabalgata/festival como cuando eras pequeña y recoger caramelos. Yo acepté y reconozco que lo pasé de fábula. Luego fuimos a cenar a un libané y se nos hicieron las tantas. Volví a casa con los zapatos pegajosos llenos de azucar y más feliz de lo que había sido nunca. Desde entonces, una vez por semana ibamos a tomar algo, de compras o lo que fuese. Me contabas tus planes futuros, tus ilusiones, y te interesaste al confesarte que yo quería ser escritor.
El primer regalo que te hice fué un libro. Las Leyendas de Becquer. Me habías comentado que te gustaba Tim Burton y sobre todo La Novia Cadaver. Yo te dije que no era nada nuevo, si es que no habías leido a Becquer. Me dijiste que no, y al día siguiente aparecí con el libro.. Lo leiste enterito ese mismo día y te encantó.
La primera señal que me diste que algo no iba bien fueron los comentarios e historias que me contaste un día sobre tu por aquel entonces pareja actual. Ambos erais muy celosos pero él además te trataba como si fueses un objeto. Tú por algún motivo le hacías caso en todo y no querías darte cuenta que él no te quería como es debido y que no te cuidaba. Me dijiste que un día me lo ibas a presentar y te dije que mejor que no, porque iba a ser sincero y tal vez eso no le gustase.
La primera vez que te ví ilusionada fue cuando empezaste a bailar danza oriental estilo bollywood. Tu no lo sabías, pero hace diez años que yo tuve una página en castellano sobre ese estilo de peliculas, y tenía cientos de cds y dvds del tema. Te pasé muchos, te regalé unos cuantos y te copié otros. Eras la envidia de la clase, tenías material que nadie tenía. Incluso te compré en Inglaterra el Singstars que había dedicado exclusivamente a ello. Tu risa y tu alegría era mi droga, y veía en tus ojos que por momentos eras feliz cuando estabas conmigo.
La primera vez que ví a tus padres estaba muerto de miedo. Me habias convencido para que te acompañase a la academia pero curiosamente te habias olvidado la bolsa de baile en casa. Tus padres llevaban varios meses alucinando porque habías cambiado mucho. Seguías siendo una rebelde pero ahora tenias ideas muy distintas sobre muchas cosas, te empezaba a importar el trabajo y no parabas de hablar de mí en tu casa. Yo no sabía que hacer porque jamás he sido muy social con las personas "normales", no tengo pinta del noviete/ligue estandar tuyo y pensaba que tus padres se llevarían una decepción. Todo lo contrario. Tus padres estaban encantados conmigo y desde entonces tu madre no paraba de decirte que enviases a la mierda a tu novio y que salieses conmigo. Nosotros bromeábamos y me dijiste en muchas ocasiones que yo sería tu amante. Me cogias de la mano, me hacías pucheros y carotas, pero jamás discutíamos seriamente. Además reconocías que yo solía tener razón cuando te pegaba la bronca y no toleraba conportamientos infantiles ni rabietas. Era sincero y tu eso lo valorabas más que nada. Sabías que jamás te mentiría, y hasta la fecha he cumplido mi palabra.
La primera vez que te avergonzaste fue un día en una tienda. Estabas buscando una tela para un traje que querías hacer. Pero ni tu madre ni tú teníais demasiada idea de coser , así que convencí a mi madre para que lo hiciese ella. La vendedora nos pilló a los dos discutiendo sobre el tipo de tela y que si mi madre necesitaría varios metros. Ella te djo que tuvieses contenta a la suegra y que tu novio tenía buen gusto. Te pusiste roja como un tomate y le dijiste en voz baja que no era tu novio, que era un compañero de trabajo. Ni corta ni perezosa la vendedora te dijo que mucho mejor, porque así podías verme a todas horas del día. Yo te dije que hicieses caso a la señora y tu te pusiste más roja. Luego en una cafetería me confesaste lo avergonzada que estabas y yo me reí como no me había reido nunca.
La primera vez que me llamaste de madrugada estabas borracha. Normalmente los viernes por la noche cenabas con tus padres y acababas bebiéndote una botella de whisky con tu padre. Me dijiste que me querías mucho y que no sabías por que , pero estando a mi lado eras feliz. Me dijiste que no sabías realmente que era yo para tí, si un amigo o algo más, pero que me querías. Estuve más de dos horas al teléfono hasta que te dormiste. Otro en mi lugar se hubiese aprovechado de la situación. Yo como soy bueno o gilipollas (según se vea) aguanté el chaparron. El lunes siguiente al verme estabas muerta de vergüenza. Yo aparenté no darle importancia, sólo te metí una reprimenda por emborracharte. Pero en el fondo me dejaste turbado. Porque cada días que pasaba a tu lado crecía mi cariño hacia . Y el tuyo hacia mí también. Lo veía en los comentarios, en las excusas de quinceañera, en las peticiones tontas de acompañarte...
La primera vez que te dormiste a mi lado fué en el autobus. Llevabas días sin apenas dormir, intranquila y con nervios. Lo estabas pasando mal, con tu familia y con tu novio. Nadie te entendía, nadie excepto yo. Llorabas a escondidas en el lavabo, en el ascensor, al salir de la oficina... Me gritabas que no eras más que un trozo de carne, que nadie te entendía. Yo me quedaba callado a tu lado, a veces te abrazabas y llorabas. Aquel día estabas tan cansada que apenas podías caminar, pero te negaste a que te acompañase a casa. En el autobus cerraste los ojos y murmuraste que te avisase cuando fuese tu parada. Apoyaste la cabeza en mi pecho y del agotamiento te dormiste al momento. Parecías un angel.
La primera vez que me preocupaste fue cuando te dió un ataque enmedio de la oficina. Tenías alergia agravada por la humedad y un gripazo, y se te cerraron los pulmones. Corrí a buscarte el espray y metí la mano en tu boca para obligarte a que pudieses respirar. Nadie en la oficina movió un dedo por tí, pero yo me quedé contigo en la salita de entrada más de una hora. Estabas estirada en el sofá tapada con dos chaquetas. Puse la calefacción y me pasé todo el rato a tu lado, cogiéndote la mano. Quise llevarte al hospital pero te negaste en rotundo, aunque te convencí y te metí en un taxi a casa (no quisiste que te acompañase). Le dije al jefe que te habías ido y que no volverías hasta que no estuvieses recuperada, que no había discusión posible. Te llamé todos los días durante esa semana, pero no querías que te fuese a ver. No te gustaba que te viesen en tu faceta de debilidad, pero me diste las gracias por haber estado a tu lado.
La primera vez que te dije que te quería fué cuando me dijiste que ibas a dejar a tu novio. Te dije que yo siempre había sido sincero contigo y que tenías que saber que me gustabas, que todos estos meses me había dado cuenta que no sólo tú habias cambiado, yo también había cambiado mucho. Me había vuelto más sociable, mas abierto, más tolerante. Ya no era un friki borde, un ogro sin corazón. Me habías devuelto la ilusión por vivir. Obviamente no esperaba una respuesta positiva pero que tenías que saberlo y que, fuese cual fuese tu decisión, yo estaría atu lado siempre que me necesitases. Me dijiste que eras especial, que juntos nos mataríamos, pero que lo pensarías.
Lamentablemente ya no hay más primera vez. Han ocurrido demasiadas cosas y has acabado renunciando a todo lo que habías conseguido este último año. Tu estabilidad, tus valores, tu sentido de las cosas, tu alegría... lo has cambiado todo por una falsa burbuja de protección donde no te importa ya nada. Ya no hablamos más salvo pequeñas frases debido al trabajo. Intentaste recuperar parte del pasado acercándote a mi con creyendo que no había pasado nada, pero olvidaste que no sólo me heriste de amor, sinó que envenenaste mi alma, retorciste mi alegría y me escupiste en la cara mientras pretendías no hacerlo. Aún siendo amigos y no amantes, jugaste con mi amistad y la retorciste, queriendo luego recuperarla cuando el daño ya estaba hecho. Me has roto por dentro, tengo los nervios destrozados y las ilusiones muertas.
Y aún tuve un último momento de lucidez y sinceridad. Te dije que no quería saber nada más de tí, que habías demostrado ser una niña malcriada y egoista pese a la infinidad sacrificios y las cientos de veces que luché por demostrar lo contrario y por hacer de tí mejor persona. Pero ni entonces lo entendiste. Me dijiste que no te enfadabas, que agradecías todo lo que había hecho por tí y cómo había estado siempre a tu lado. Aunque desde el principio sabía que no podía salir bien, continué al ver algunas señales de esperanza, al contemplar que una parte de tí me quería y no sabía decidir que hacer.
Es la primera vez que escribo algo así sobre alguien. No me pregunteis porqué. Tal vez sea para desfogarme, para quitarme de encima el agobio que llevo pese a llevar varios días de vacaciones. Algunos me conoceis lo suficiente y sabeis la respuesta. Direis que me olvide de ella, que ahora lo veo todo negro, que el tiempo lo cura todo, que no ha hecho mas que joderme la vida, que no se merece alguien como yo o que no me merezco alguien como ella. No sabéis como agradezco los animos que me dais a diario, algunos en persona, otros por correos que he recibido o por teléfono.
Pese a todo, no puedo evitar seguir pensando que la quiero. Porque eres la persona que más he querido en mi vida. La luz que me ilumina y la llama que me consume.
Así estoy. Más cansado que nunca. Últimamente me voy muchos días prontísimo a dormir, apenas dan las diez de la noche y desde que salgo de la oficina hasta irme a la cama apenas hago nada. Navego perdido entre blogs y páginas de frikadas sin fijarme demasiado, no me apetece leer ningún libro y menos escribir. La semana pasada me llevé una bronca descomunal de uno de mis jefes, el neurastenico (tengo tres), y pese a que intenté calmarlo estuvo gritándome, insultandome y faltandome el respeto hasta que me levanté y con todo el odio acumulado los últimos meses descargué un puñetazo en una puerta de madera (aunque merecía impactar en su cara), y la atravesé como en las películas de Bud Spencer. Por suerte los otros jefes y varios compañeros fueron testigos y consideraron totalmente desmerecida la bronca y la falta de respeto, por lo que aún conservo el trabajo y no he tenido que pagar la puerta.
Además la convivencia laboral con ella es cada día más dificil. Me busca las cosquillas, intenta decirme algo y al segundo me fulmina con la mirada. Le aviso que arregle trabajo (sin ser bronca) y pasa todo y se enfada. Intenta tener las conversaciones agradables y divertidas que teníamos, la esquivo y evito y se ofende. Dudo mucho que hay entendido por qué le dije que no quería saber nada más de ella, y se hace la loba herida porque no esta acostumbrada que un tío la envíe a la mierda.
Todo ello más el estrés laboral más la situación delicada que tengo en casa más la pequeña crisis financiera que tengo me vuelve a probocar taquicardias constantes y me paso el día entre ansiolíticos y valerianas. Ni siquiera el esfuerzo de volver andando desde mi oficina por las tardes para que mejore mi hipertensión y pierda algo de peso, sirve para que me calme. El único suspiro de diversión y tranquilidad que he tenido en meses fué el concierto de David Fonseca del mes pasado.
En fin, que este es otro post más del tipo "estoy jodido", pero me parece que será el último porque me canso de repetirme más que el ajo.
Sólo me queda un día para coger las vacaciones. Espero que estos once días me sirvan para algo porque sinó voy a acabar en el manicomio o a dos metros bajo tierra.
Hoy ha sido uno de esos dias de querer llegar a casa y descubrir horrorizado que sólo son las once de la mañana. He tenido de todo: broncas, prisas, montones de faena... Además mi colega y jefe de sección ha cogido dos días de merecida fiesta (aunque aquí no hay puente ni fiesta de San José) por lo que encima me ha tocado ser jefe, algo que igualmente hago a diario porque el pobre A. está en la otra punta de la oficina.
Peor a pesar que hoy hacía un calor insoportable ni he tenido tiempo siquiera que me viniese la migraña, (supongo porque no he parado) algo que he agradecido, aunque me ha visitado mi vieja conocida la hipertensión. Por suerte una ducha de esas eternas al llegar a casa van de maravilla para relajar. Y es que además he tardado en llegar porque me he recorrido las farmacias de medio barrio buscando una crema antitranspirante y un jabon antiseptico. Porque con el calor aparece otro problema: la sudoración extrema. Es n problema heredado en la familia. Le pasa a mi hermano y a mi hermana en cierto grado, y a mi en grado extremo. Nuestro sudor es mas ácido que la sangre del bicho de Alien. Por lo que me paso la mitad del verano con roces, quemaduras y escozores, y las plantas de los pies desintegradas, por no hablar de como queda el calzado y lo fatal que queda que uno salga recien limpito de la ducha y vuelva a oler a tocino muerto T___T Así que me he ido a comprar una crema que me han recomendado para los pies porque el preparado farmaceutico que uso me quema las plantas también. Y tambien me han dicho que los jabones antisepticos que usan en quirófanos, hospitales y para algunas personas que no pueden exponerse a infecciones van bastante bien para evitar el sudor (y eso que me cambio dos y tres veces al dia en la oficina). Así que armado con potingues, jabones, desodorante y colonias varias, ahora mismo parece que vaya a entrar al quirofano de House donde hay muchas posibilidades que salga peor que como entré (aunque está Cameron ^^).
Gracias a dios que se ha acabado la jornada. Pero mañana viernes no libro al mediodía, así que a pringar hasta las seis. Pero bueno, al menos el fin de semana está al caer.
Hoy venían unos SUPERJEFAJOS de Endesa a mi oficina, y el jefe histérico nos "informó" que hoy teníamos que venir todos trajeados. No es que me moleste, he ido casi 10 años con traje y ponerme corbata no me molesta, pero llegó un momento que pasé, por esos gilipollas no me pongo elegante. Además como me he ido "ensanchando" pues paso de gastarme pasta en trajes, por lo que conservo uno para las ocasiones. Y es que mis jefes son las típicas personas que se creen que cuanto más te gastes en ropa mejor persona eres, cosa que me he dado prisa a contradecirle al decirle a primera hora de la mañana "llevo corbata pero sigo siendo el mismo cabrón" (una de las pocas ventajas de llevar 12 años es que a veces me puedo pasar con el jefe...).
Al ponerme el traje esta mañana me he dado cuenta de dos cosas: el pantalon me va justo (horror...) y no tengo zapatos (lo últimos me los cargué hace unos meses). Así que he tenido que optar por una solución drástica: bambas negras. por suerte me compro las bambas baratas en el Decathlon, así que no tienen distintivos visibles, por lo que han pasado más o menos desapercibidas.
Y como siempre, la visita por nuestra sección ha durado 0.5 segundos, todo un récord. Por suerte se marchan enseguida, se los llevarán a comer a un sitio SUPERFASHION DE LA MUERTE a gastarse mi sueldo en sus cubiertos, aunque eso significa que no aguantaré a los jefes en el resto del día.
¡Sed buenos! y si no lo sois, que no os pillen... :P
Desde finales de octubre arrastro una bronquitis de caballo. Hace unos días pensaba que ya estaba totalmente recuperado, después que me recetasen 3 jarabes distintos y diversas pastillas y sobres. A pesar que mis pulmones se han resentido y me han con el miedo de alguna secuela crónica porque los días de humedad se me cargan y tengo que tirar de espray, pensaba que estaba practicamente curado. Pero, iluso de mí, en casa se ha constipado todo el mundo y yo no he sido una excepción. La semana pasada estuve dos días en cama y aunque volvía a trabajar (cosa que no tenía que haber hecho) este fin de semana he vuelto a recaer. No he parado de toser, de echar mocos, he tenido fiebre y la migraña no me ha abandonado todo este tiempo. A todo esto he de sumar que mi amiga la hipertensión ha decidido darme la lata y me he vuelto a poner a números críticos. Así que vuelvo a estar cómo en octubre pero acelerado. Me he pasado cuatro horas en el ambulatorio y me han dado de todo, y los dos próximos días me los pasaré en casa esperando que los antibióticos hagan efecto para decidir si pillo la baja o no.
Vamos, que las abuelas octogenárias están mejor que yo. Más me vale que tire una primitiva y unos euromillones esta semana, que con la suerte que tengo seguro que acierto el pleno el día que lo haga medio país y me toquen catorce euros en vez de dos millones.
Bueno, al menos tengo algo más de tiempo para escribir, porque en estos casos, aunque parezca mentiria, estoy más inspirado que de costumbre. Y es que mi musa es un poco cabrona, y sólo me visita cuando más jodido estoy. Es una especie de mecanismo de defensa, que obliga a mis neuronas a seguir funcionando y forzarme a escribir cuando debería estar aplatanado y podrido. No me quejaré porque mejor eso que estar lamentándome por todo.
Y aunque yo no lo sea porque lo he demostrado con mis berrinches, he de reconocer ahora que estoy un poco más calmado que tal vez me precipité enviando todo a la porra y queriendo jugar a ser un alma herida. Ayer además del cabreo tenía algo de fiebre y llevaba en el cuerpo demasiadas medicinas (entre la bronquitis y la hipertensión estoy muy jodido) y no tenía la cabeza demasiado centrada.
Si algo es cierto en esta vida es que de los errores siempre se puede aprender para que no te pasen las cosas dos veces. Y tambien es cierto que en momentos cómo este, uno descubre que siempre hay alguien cerca que le recuerda cómo son las cosas y que, pase lo que pase, el mundo sigue girando.
A todos los que de una forma u otra me habéis animado estos dos días, gracias. Este tonto os debe mucho más de lo que os imaginais.
Os dejo un fragmento de un poema de Walt Whitman, que me envió Bichejo para animarme. Y lo consiguió. Si es que en el fondo va a resultar que soy un ñoño sentimentaloide consumado (madre mia, que me echarán del club de jeviatas....)
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras, las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra alma está intacta. Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
...y a veces no es el que nos gusta. Hoy me han dado la puñalada definitiva. No voy a entrar en detalles pero reconozco que no me la esperaba tan cruel. Realmente no estoy en condiciones de escribir muy coherentemente así que de momento voy a dejar el blog paralizado. No me queda ilusión para post jocosos y realmente no se lo que voy a hacer a partir de hoy.
Sólo me queda agradecer a los que me han aguantado este breve tiempo y me han animado. Siento haberos decepcionado pero lo mismo le pasó a Bogart en Casablanca.
La semana empezó oficialmente ayer, pero la mía emepzó a manifestarse el domingo. Y no fue muy grata que digamos.
Día 1: Domingo. El principio.
Este fin de semana había tomado la determinación de limpiar de una vez por todas mi ordenador, hacerle una formateada como dios manda, porque ya tocaba. Yo soy de los paranóicos que a los pocos días de instalar Windows empiezo a notar que todo va más lento, que todo tarda más tiempo, y acabo desesperándome. Así que cada tres o cuatro meses le lavo la cara al pc, tarea que suelo dedicar poco más de una hora.
Menos este fin de semana.
Normalmente tengo un par de discos, ambos particionados paraque en caso de problemas no pierda demasiadas cosas importantes. Yde lo sumamente importante tengo más de una copia de seguridad. El problemas es cuando decides mirar todo lo que tienes antes de hacer limpieza. Y te das cuenta que tienes... ¡mas de 500 gigas de material! Series por ver, música bajada y tambien convertida de tus propios cds (para llevar en el Creative) , conciertos, las fotos de los colegas, los proyectos y material necesario para ello.... Vamos que no es cosa para tirar así como así, por lo que me pongo a revisar archivos y carpetas e ir pasando la información a los dos discos externos que tengo. A las seis de la tarde acabé de copiar, después de 8 horas de selección minuciosa para evitar cargarme algo que luego me arrepentiría.
Empecé a instalar la edición desatendida de XP, el Windows Wolf Edition en su verdión del 2007, una maravilla de sistema donde se ha eliminado mucha basura del sistema operativo original y está optimizado para un funcionamiento rápido. Es el que llevo usando hace más de dos años, y hasta la fecha no me ha causado ningún problema. Obviamente no iba a funcionar bien esta vez, ya que al lector de dvds se le ocurrió la genial idea de trabarse constantemente, pero al final conseguí con el método tradicional español (a base de patadas) que funcionase.
Después instala todo los programas, el photoshop, el Chrome, el Picassa, el Open Office, que si busca el controlador especifico de ATI para el monitor/tele Samsung...
Las diez de la noche. La mitad del fin de semana al traste, y a la cama pronto porque toca levantarse antes de las seis de la mañana para ir a currar.
Día 2: Lunes (o casi-martes mejor). El contagio.
Me levanto con migraña. Seguro que es cosa del tiempo y que estará nublado. Me suele pasar muy a menudo debido a cambios bruscos de temperatura. Esta vez no es así porque el cielo está despejado. Ni siquiera hace frio, pero estoy helado. Entonces me acuerdo, en casa están todos constipados y no has hecho nada por evitar que te contagien. ¡Demonios! Coge paracetamol, bebete a tu pesar zumo de naranja, y reza a Crom porque sea benevolente y no pase de ahí.
Pero no iba a ser así de facil. Encima es el día que has decidido emepzar a cuidarte un poco dentro de tus posibilidades. Eso significa menos café, menos coca-cola, algo de comida verde (la odio) e intentar volver a casa andando (una hora de camino). Pero al mediodía estás tan hecho polvo que sabes que vas a volver a casa en autobús. Encima ella está insoportable, llega tarde y le jode recuperar todas las horas que hizo de menos la semana pasada, porque se lo ha pasado chupi en los carnavales con sus sucedáneos de amigos (aquello que sólo saben decir que todo es maravilloso y que el universo no sería nada sin tu presencia), por lo que te viene en plan Joker, cambiando de actitud y humor cada 20 segundos. Al final acabaré diciendo el famoso mantra solucionaproblemas: "¡A cagar a la vía!!, aunque algo dentro de mi me detiene en el último momento (seguramente los mocos).
Día 3: Martes. Infección.
Me despierto a las tres de la madrugada. No por voluntad propia sino por el torrente de mocos que fluye de mis cavidades nasales.
Me cago en todo lo habido y por haber al descubrir que no queda nada de paracetamol en casa, así que tengo que tirar con una aspirina, menos efectiva pero al menos me corta la moquera hasta las seis. Me paso tres horas dando vueltas en la cama, hasta que me levanto como los zombies de Romero, me ducho como puedo y me voy a trabajar. Es uno de esos días que recuerdas de tu infancia cuando solías decirle a tu mami "Mamá, no quiero ir al cole..." Pero ya no tienes diez años, tu mami pasa de tí cómo la mierda porque está sobando y encima tienes un jefe cabrón que enseguida le da algo si tienes la osadía de ponerte enfermo. Y como eres un tonto rematado (ha quedado claro hace tiempo), pues vas como buen esclavo/mártir.
El café sabe hoy a Xanpa, el bocadillo a poliexpán, y tienes una curiosa sensación que alguien ha reducido de tamaño a Mike Terrana y se esconde ahora en tu cabeza. Encima quieres sacarte el trabajo del día lo antes posible y estar tranquilo, pero el Ilvico que te has tomado te ha hecho reacción y los párpados se están cerrando por momentos.
Al mediodía decides enviar a la mierda todo, le dices al jefe "estoy constipado, me voy a dormir a mi casa porque paso de dormir en los lavabos de la oficina, que estan siempre llenos de mierda". Coges el autobús. En veinte minutos estarás en casa. Pero tu cuerpo te traiciona y te despiertas cuando el bus ha llegado al final del trayecto de linea. ¡Te has dormido en el bus! De hecho te acuerdas que te has dormido a falta de una parada para que bajases. Querrías gritar pero te duele la garganta así que coges un taxi y te vas directo a casa (encima el estar malo te cuesta dinero). Te metes en la cama y duermes cuatro horas. Te levantas, comes algo y posteas esto para que al menos alguien se ría.
¡Y todavía quedan tres días de semana laboral! Voy a ver si aguanto un poco más levantado, que si no veo que me levantaré de madrugada después de dormir. Cómo mañana esté así no pienso ir a trabajar, ya pueden decir misa. Con un poco de suerte habré dejado virus suficientes en la empresa para que se contagien todos. Al menos será un consuelo.
P.D. Bueno, al menos no todo ha sido supermalo. Mi hermano me ha regalado la entrada para el concierto de David Fonseca el día 13 de marzo. Además tengo la sala a diez minutos de casa con lo que me va de fábula ^__^
Hará más de diez años, durante mi juventud, tenía la costumbre de ir al Mc Donalds y al Burguer King a ponernos hasta las cejas de hamburguesas y patatas por cuatro duros. Entonces teníamos la capacidad de cascarnos dos menus tamaño super cada uno y no había problemas porque acabábamos quemándolo cuando ibamos a los billares o a la salas de máquinas a jugar como viciados al King of Fighters o al Street Fighter. Tanto jugar a juegos de peleas crea en una mente carcomida por el frikismo una especie de sentimiento de invecibilidad a las peleas callejeras, así como la perdida de la prudencia a la hora de esquivar posibles broncas.
Todo ocurrió una bonita noche de viernes cuando, tras salir de currar (de la misma oficina en la que estoy ahora) , se nos ocurrió ir al Burguer King de Plaza Catalunya (que aún existe) para comer algo antes de ir al cine. Yo salía de la oficina, y era invierno, por lo que llevaba americana con corbata, gabardina y guantes de cuero (entonces no estaba gordo y realmente lucía traje). Me acompañaban mi hermano y un amigo. Ambos tenían la malsana costumbre de sentarse en la mesa por lo que siempre me tocaba a mi ir a pedir (no se cómo se lo arreglaban, pero siempre pringaba yo). Así que me acerqué a la barra y pedí. Entonces los ví. Tres holligans grandes como autobuses, borrachos hasta las cejas, que se saltan toda la cola y se plantan al lado mio para pedir. El más grande me agarró del brazo y empiezó a gritar:
-Buy me a beer! Buy mee a beer! (¡Cómprame una cerveza! ¡Cómprame una cerveza!)
Y yo, con la diplomaciía que Diós me dió y quitó el mismo segundo, le contesté, mostrándole los dedos índice y corazón de mi mano derecha, claro símbolo de amistad británica:
-I'll buy you a shit! (¡Te compraré una mierda!)
Momento en el mi cerebro se dió cuenta de ese acto y empiezó a pensar que como epitafio es una porquería. De reojo ví cómo mi hermano se dió de todo y cómo él y mi amigo cogían una silla cada uno para emprenderlas a hostias...
Pero no pasó nada. Porque el holligan que me tenía cogido estaba temblando. Lo juro. No se si fue mi pinta de Agente 47, la frase con entonación bronsoniana o la divina providencia, el caso es que se acojonaron los tres y salieron por patas del local. Y me quedé delante de una multitud que flipaba tanto o más que yo,
Mi amigo se acercó finalmente a por las bandejas y le dijo a mi hermano:
-Tio, tu hermano es superchungo. Cómo se nota que le gustan las pelis de Charles Bronson...
Me voy al médico prontísimo que tengo hora para que me vean de una puñetera vez la bronquitis que llevo desde hace tres meses, y no se si podré postear hoy, así que...
¡¡¡¡¡POR FIN ES VIERNEEEEEEEEEEEEEEEEES!!!!!
Alegría, alegría =) =)
¡Feliz Fin de Semana!
P.D. Para aquellos que paséis del día de San Corteinglés...digo, Valentin, acordaos que algunos no lo podemos disfrutar por razones obvias, así que sed felices, vosotros que podéis.
Que el Facebook es la nueva chuminada chupigüai online al igual que lo fueron en su día Napster y Youtube, es algo que todo el mundo sabe. No voy a quitarle el mérito, simplemente voy a puntualizar algo que parece fuera de contexto.
Ayer uno de mis compañeros de trabajo tan gili... majos, me hizo la siguiente pregunta:
-Oye, vida2punto0. ¿Cuántos amigos tienes en el feisbuk? -¿Perdón? -Que cuantos amigos tienes en el feisbuk. Espera, que te busco y te agrego.¡Que ya tengo 300! -Como los putos espartanos... digo, no hace falta. Porque en cuanto reciba tu correo, te bloqueo. -¡Qué cabrón! O sea, ¿que no eres mi amigo? -No. Sólo soy el tonto que te aguanta once horas diarias...
La historia no pasó de ahí. Me conocen demasiado bien en la oficina para saber que las cosas cuando las digo, es en serio. Pero por la tarde aún le daba vueltas al temita del facebook. Hablando de ello con mi amiga Mary, me dijo una cosa:
-Hoy en día la idea de amistad está diluida.
Cierto. Ese concepto se ha perdido a partir de las generaciones del móvil e internet (o sea, los niñatos) y se ha reducido y sustituido por un concepto vago de compañerismo.
-Amigo: Que tiene amistad. U. t. c. s.U. como tratamiento afectuoso, aunque no haya verdadera amistad.
¿Perdón? Creo que se contradice, pero fijémonos en la definición de amistad:
-Amistad: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato
Vale. Primero me dicen que para que haya amistad ha de haber afecto personal desinteresado, pero luego me dicen que no hace falta. Mejor dicho, que se usa como si no hiciese falta.
Señores de la RAE ¡la están cagando!
O se es amigo, o no. Pero no puede haber un término medio u opuesto. Los señores del facebook deberían poner algo como "contactos", tal vez quedase más adecuado. Porque en nuestra vida tenemos compañeros (de trabajo, de afición, de clase...), colegas (confías un poco más, sales con ellos, te enrollas una o varias noches...). Y amigos. Amigos de verdad. Con los que ries y te diviertes, lloras y te enfadas. Pero siempre están ahí, los veas cada día o cada año. Y si por algún casual dejas de tener contacto con ellos por cualquier motivo, ellos se preocupan por que siga existiendo el puente que os une.
Amigos verdaderos los podemos contar con los dedos de una mano. Si tenemos más amigos que dedos entonces o tenemos muchísima suerte o tenemos un concepto equivocado de la amistad. Mi amigo Juan Miguel solía decir que los amigos no eran con los que te ibas de copas, sino los que estaban contigo en la misma trinchera dispuestos a afrontarlo todo, aunque eso significase tu propia muerte. Juan Miguel jamás dió la espalda a nadie, jamás preguntó porqué, pero siempre estaba ahí. Murió hará casi un año, pocos días antes de su cumpleaños. El día de su funeral la sala del tanatorio se hizo pequeña. No por la família. La gente había empezado a pasar mensajes de móvil y a hacer llamadas con un único mensaje: "Juan ha muerto" Fuimos cerca de doscientas personas. Nos conocíamos casi todos, ya fuese de vista o porque Juan Miguel nos mencionaba de vez en cuando (porque él siempre decía "Mi amig@ menganit@....). Pero no eramos sus colegas, ni sus compañeros. Éramos sus amigos. Porque él tuvo suerte. Y aunque está muerto, no lo hemos olvidado. Seguimos quedando, seguimos haciendo las mismas bromas, teniendo las mismas discusiones acaloradas, haciendo los mismos chismorreos y seguimos recordando cuando Juan Miguel hizo tal cosa acompañado de mengano o fulano. Porque fue y sigue siendo nuestro amigo.
Yo tengo 29 "agregados" en mi facebook. Algunos son amigos, otros son compañeros, otros colegas... Y tengo pocos amigos. Pero son amigos verdaderos y se que siempre estarán al pié del cañón, en la misma trinchera, cómo lo estoy yo por ellos.
La próxima vez que escuchéis de boca de alguien la palabra "amigo", reflexionad.
¿Os acordáis de la reunión con el SUPERCLIENTE que tuvo lugar el miércoles pasado en mi oficina? Hoy me han dado unos detalles muy pero que muy espectaculares....espectacularmente increíbles y ridículos. No quiero hablar abiertamente de ello por lo que hablaré de forma metafórica y supongo que me entenderéis.
Imaginaos que sois arquitectos. No unos arquitectos cualesquiera sino unos Superarquitectos Chupigüais, tanto que a vuestro lado Norman Foster es un aprendiz. Imaginais que os dedicais al negocio de la megaconstrucción de la leche, y que como mínimo construis rascacielos de 80 pisos. Por supuesto toda la infraestructura la asumís vosotros. Entonces viene el señor Superempresario y os encarga El Negocio del Siglo, con un monton de rascacielos para construir. Y por cada rascacielos os pagará una sonada suma.... doscientos cincuenta euros.
Y vosotros decís que sí, que no hay problema, y que cuantos quiere....
Y lo decís en serio....
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Entonces te das cuenta verdaderamente que tus jefes son idiotas. No sólo son idiotas, sino que superan con creces a los de Dos tontos muy tontos.
Y yo que pensaba que en trece años que llevo en la oficina, lo había visto todo. Pero cada día me sorprenden. No sólo eso, se esfuerzan y se superan.
Si lo ridículo supera lo increible, entonces es completamente cierto.
Y por fin llegó el viernes. Y eso que hoy tengo que quedarme hasta las seis de la tarde, pero al menos no tendré a los jefes ni a nadie que moleste demasiado, así que si puedo voy a aprovechar para escribir un poco, si las musas son benignas.
No voy a hablar mas de ella porque parecerá que me repito más que el ajo. Pero hoy no ha podido esconder sus problemas mentales haciendolos pasar por físicos, pero tiene la suerte que mi responsable directo y colega de muchos años ya estaba informado en parte de la situación, asi que entre los dos la hemos calmado y ayudado de la mejor manera posible.
Pero no estoy depre. Sólo estoy cansado. Aunque esta noche toca chinofriki, un acto social que llevamos los colegas haciendo desde hace unos años. Quedamos en mi casa todos y tras inflarnos a patatas y cocacola (casi todos somos abstemios) , y no contentos con ello, vamos a un chino a inflarnos más aún. El sitio en cuestión es el mismo siempre por varios motivos. Es barato, nos conocen desde hace tiempo (y toleran nuestro ruido) y además es un sitio limpio y tranquilo. La dueña es simpática y nos trata a todos como hijos, dándonos de comer más de lo normal, cambiando menus y modificando platos, y sin cobrarnos ningún suplemento. Ese chino ha visto las más variopintas dilaciones sobre los problemas de la sociedad actual: discusiones sobre la formación de batalla en la marina de Nelson, peleas sobre si el Age Of Conan es mejor que el Warhammer Online, que si el GTA IV es mejor en la versión de 360 que para Playstation 3... vamos, las preocupaciones normales de hoy en día.
Bueno, en resumen, se acaba la semana de curro y empieza el tiempo que cuenta. ¡Disfrutad del fin de semana!
Cómo no, el jueves no podía ser tranquilo. Tras subir de tomar café me encuentro con que ella revolotea por la oficina sin rumbo. Habla sola, se para en mi mesa, suelta algún comentario y desaparece de nuevo. Así durante un rato hasta que se ha sentado por fín en su mesa, ha empezado a toser primero y luego a ahogarse. Al final se ha calmado un poco y ha marchado corriendo al médico. He podido hablar con ella hace poco y resulta que aunque tiene un problema de alergia, todo le viene por ataques de ansiedad y depresiones que arrastra hace tiempo. Y como ella es tan especial, nadie la aguanta en realidad y acaban por enviarla a la mierda (si no se cansa ella antes y envia a la gente a paseo). Total, que con su complejo de diva incomprendida y encima los problemas que arrastra de relaciones pasadas está perdiendo la cabeza a marchas forzadas. Lo peor de todo esto es que como he sido la única persona que realmente he estado por ella el último año se aferra a mí como único amarre, pasando por alto el pequeño detalle de haberme tratado cómo usado a su antojo para luego despreciame como basura escupiéndome en la cara el hecho de haberme preocupado por ella era por mero interés y que todos los tíos eramos iguales, cuando he aguantado lo indecible sólo para que estuviese mejor.
Y me pregunto por qué a estas alturas aún la aguanto. çserá porque en el fondo aún la quiero y me cuesta reconocer que me va a destrozar la vida. Pero si le digo algo ahora, en la situación en la que está es capaz de cortarse las venas.
Y yo que me había propuesto ser un cabrón, pero no puedo...
Ya se que es pronto para postear y que no debería hacerlo en la oficina, pero es que acabo de ser testigo de la escena más sui generis que demuestra hasta que grado está concienciada la gente hoy en día con lo que pasa en el mundo.
Después de almorzar en la cocina del despacho (si, tenemos cocina, una mierda pero algo es algo) he bajado a tomar un café (el tercero ya desde las seis de la mañana). Mientras me lo preparaban varios he visto cómo las dos únicas personas que estaban en ese momento discutien sobre la sociedad moderna y cómo los tiempos estan cambiando para mal, según ellos. No suelo chafardear las conversaciones ajenas, pero a estos se les podía escuchar desde la acera de enfrente. Me he quedado con la frase de uno y la contestación del otro. Valen un imperio.
(Obrero A): El banco Bilbao Hispano ha tenido un beneficio de muchos mil millones de leulos...
(Obrero B): Mejor ver el fútbol hoy, que nos atonta y así no pensamos...
Juro que han dicho eso. Me he quedado "comooooooooooooorl..." Madre mía, si la gente ya asume que prefiere atontarse. Como esto siga así, habrá una nueva plaga: "La Muerte Cerebral de la Raza Humana" . Y ya me pueden decir que banco es ese porque no lo he visto en ningún lado...
Y eso me ha hecho recordar lo que solía decir Albert Boadella en su Orden Especial: "Cada día que amanece, el número de tontos crece."
Realmente si hay una crisis que me preocupe más que la mundial es la crisis de nervios que voy a pillar como la semana siga así. Hoy en teoría tenia que se un dia tranquilo, de ilusión y de alegría por haber engaña... convencido al SUPERCLIENTE con las nuevas propuestas de colaboración. Pero claro, mi oficina no es normal y ya he escuchado voces que nos piden montar una empresa paralela (esa es la teoria), pero que el curro lo acabaarán haciendo los mismos de siempre (esa es la práctica).
Así que recitando uno de los mantras que mejor funcionan (Señor dame paciencia porque si me das fuerzas lo quemo todo...) me he dispuesto a seguir con mis expedientes y olvidarme de todo hasta que llegase la hora de comer y tener así media horita libre para escribir con el portátil. Pero claro, en la oficina había un jaleo montado por los gestores unicelulares que veían conspiraciones y mano negra por un asunto muy complejo de repartición de temas, con lo que no he tenido ni una pizca de tranquilidad.
Encima llevo unos días bastante cansado, cosa que me recuerda que he de volver a las vitaminas y de paso, intentar comer menos porquería durante un tiempo. Lo malo es que soy de los asquerosos y el verde solo me gusta en los billetes de 100 euros...
Y por si fuera poco ella no ha parado de revolotear por mi mesa con mil excusas para acabar haciéndose la víctima y contarme cien veces lo depre que está, que nadie le hace caso, que se agobia y eso le provoca asfixia y sus famosos ataques de alergia y que se yo más. Es una lástima que desde pequeño me inculcasen que la educación va por encima de todo porque si no le hubiese dicho de todo.
Bueno, seguro que no lo hubiese hecho pero si me miento puedo llegar a creerme y convencerme que no estoy preocupado por ella. Lo malo es que si que lo estoy y eso me repatea porque no merece mi atención. Pero aún así estoy preocupado, así que lo mejor será que me ponga a escribir ya para tener las neuronas atareadas hasta que el sueño pueda más que mi gilipollez.