jueves, 15 de enero de 2009

Land of Confusion


No me considero un tipo maniático, aunque reconozco que tampoco soy Don Perfecto. Como todo el mundo en mayor o menor medida, hay ciertas cosas que soporto más que otras. Dejo pasar en el supermercado cuando la gente lleva poca compra pero no permito que se me cuelen por todo el morro, me levanto en el autobus para ceder el asiento pero no soporto que las abuelas suban a 200 km por hora dando codazos, tolero el ruido de ambiente pero no aguanto que la gente hable a gritos, y lo peor, no aguanto que me den conversación sobre temas banales o de nulo interés . Ignoro a los taxistas cuando intentan inculcarme sus ideas para salvar el país, ignoro a los compañeros de trabajo cuando se ponen a charlar de telebasura y sobre todo, no soporto que me hablen de fútbol. Realmente, no me molesta que a la gente le guste el fútbol, eso es problema de cada uno y los gustos personales son sagrados (por eso son personales). Me molesta que me hablen a mí de fútbol.

Hoy he ido a la peluquería donde suelo ir siempre, una peluquería de barrio de esas pequeñitas donde destaca por la sencillez y rapidez del servicio. No es cara, cosa de agradecer porque no me gusta es que me claven una fortuna por cortarme el pelo. Porque servidor tiene un problema, cada año que pasa tiene menos pelo. A algunos les dejan de herencia una fortuna o la casa familiar, a mí el cabrón de mi padre me dejó la alopecia, o sea, la calvicie. Reconozco que he aguantado los años bastante bién (él se quedó calvo con veinte años), pero ahora que estoy en los treinta empiezo a ver algunas autopistas abrirse paso en mi cabeza. Si viéseis mis fotos de cuando era crío (y no conseguís vomitar) veríais que yo era el típico niño repipi veranoazul con mogollón de pelo. ¡Vaya pintas! Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda...

Llevo varios años yendo a la misma peluquería, y eso que ahora me queda un poco lejos de casa, pero suelo ir por la tarde al volver de la oficina ya que el metro me deja en la puerta. La peluquería en cuestión está dividida en dos partes, la mitad destinada a peluquería de señoras, donde a cualquier hora hay una docena de marujas en un pequeño espacio que rivaliza con el camarote de los hermanos Marx, y la otra mitad la peluquería para caballeros que normalmente suele haber poca gente y no toca esperar demasiado. En todos estos años hay un ritual que se repite hasta la saciedad. Me siento, me ponen la lona (que nunca se como demonios se llama) para que no me llene de pelos y cuando empiezan a cortar (independientemente del peluquero, hay tres que se turnan) me dicen:
-¿Qué, el Barça?

¿Cómo que qué, el Barça? ¿Es una pregunta? ¿Lo conozco o soy el dueño? ¿O es algún tipo de lenguaje secreto sectario al que debo responder "pero el cielo es azul" para que me dejen pasar al cuartel secreto o me entreguen un maletín con plutonio?
La primera vez intenté ser amable y hacerles entender que ni veía la tele, ni me interesa el fútbol ni nada por el estilo. Totalmente inútil, todo sea dicho. A lo largo de los años han ido usando variaciones dependiendo del día o de lo que hayan visto en la tele ultimamente del palo: ¿Qué, el Aznar? ¿Qué, el Bush? ¿Qué, el Zapatero? ¿Qué, el Obama?
Así que decidí usar mi simpatia habitual para tratar la mejor manera posible la situación, respondiendo a cada uno de los qués de la manera más ácida posible. He aquí varias de las respuestas que he llegado a usar:

-Bien, gracias. Diré que has preguntado.
-Dicen que este año ganará la Superbowl.
-Me han dicho que se ha muerto hoy.
-No lo se, hace una semana que no hablo con él.
-Todavía está intentando resolver el conflicto de la singularidad de Prandtl-Glauert.

Y así hasta el infinito. Obviamente el interlocutor capta el mensaje y se calla durante el resto del servicio, con la excepción de preguntarme si quiero más o menos corto una zona en concreto. Todavía alucino que en todos estos años no se les haya escapado accidentalmente las tijeras o la navaja para recordarme lo bien que les sientan mis contestaciones, pero supongo que son buenas personas y no quieren desperdiciar un filo tan bueno en alguien tan cretino como yo.

Y escribiendo estas lineas me han venido a la cabeza la estrofa de una de mis canciones favoritas:

Too many men
Theres too many people

Making too many problems

And not much love to go round
Cant you see

This is a land of confusion...



Y cuánta razón tienen...





3 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya! En las peluquerías vader también ocurre lo mismo. Mañana tenemos claustro y propondré a la Academia un estudio concienzudo sobre la más que probable relación entre el uso de objetos cortantes y el desarrollo de la lengua. ¿Es proporcional la calidad del afilado con la necesidad de comunicación absurda? ¿se da esta circunstancia también en otros oficios recortantes, como por ejemplo podadores o pescaderos? En caso afirmativo, ¿los podadores hablan a las plantas y los pescaderos a las merluzas? "¿Qué, el hielo picao del expositor?"
Son tantos los enigmas que se me plantean...

Isi dijo...

Yo muchas veces contesto eso de "bastantes.....bastantes cojones me importa". Tengo fama de cardo borriquero, ya sabes por qué...jajajaja.

Mi herencia no es la calvicie (gracias a Dios!), es las caderas anchas y es peor, porque vosotros os rapáis la cabeza y se disimula, pero...¿¿donde meto las caderas??? eh??? cagoenlaleche....

En fin, que paciencia con la gente que te reduce con una "lona" y tiene unas tijeras en la mano..jajajaja!!

Vida Dospuntocero dijo...

Y eso que gracias a mi herencia soy de los que con suerte, en quince o veinte minutos estoy fuera. No me tienen que lavar, cortar, marcar, hacer mechas, etc, etc.. No se cómo no se vuelven locas las personas que se pasan una o dos horas en la peluquería .