Mostrando entradas con la etiqueta la vida es injusta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la vida es injusta. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de junio de 2009

All good things must come to an end


Se acabó. Ella se marcha mañana de la oficina, para no volver más. Por la puerta grande además, ya que ha conseguido convencer a mis jefes que le arreglen el paro, riéndose de los demás, de la responsabilidad por el trabajo, y por encima de todo, de mí.

De nada ha servido todo lo que he dado por ella, los cuidados, las veces que he puesto en peligro mi puesto de trabajo.... Sus "amig@s", su poca preocupación por todo lo que no sea la fiesta y el dedicarse al baile, y su última adquisición (el noviete paquistaní), han acabado de llenarle la cabeza de serrin y lo ha dejado todo para dedicarse plenamente a dar clases de baile y convertirse en una superestrella de Bollywood. Sé que entre los lectores asiduos a este blog hay al menos una persona que practica ese tipo de baile o parecido, y no tengo nada en contra de ello (hace 10 años fui la primera persona en este pais que tuvo una pagina web dedicada a Bollywood, pero eso es otra historia...). Pero ella simplemente tiene la cabeza llena de malas ideas y se que, aunque no deberia importarme, me importa. He estado casi dos años preocupandome por ella cada dia.

Y si, me escupió en la cara, me clavó una puñalada traicionera cuando ya no me necesitaba, y mientras lo hacía sonreia haciendo ver que no pasaba nada.

Y si, me ha jodido la vida, me ha quitado las ganas de muchas cosas, entre ellas las de escribir y acabar lo que empecé.

Pero me jode.

Porque en el fondo de mi alma se que aún la quiero.

Es una lástima. No siempre tenemos lo que queremos...


viernes, 10 de abril de 2009

La primera vez que te ví

La primera vez que te ví nos odiamos a muerte en apenas segundos. Tú tenías que mantenerte en este trabajo, aunque habías entrado por enchufe, y yo estaba obligado a enseñarte, pese a las quejas a mi jefe directo sobre la poca gracia que me hacía.

La primera mañana que pasaste en la oficina ya querías irte. Decías que el trabajo era muy estresante y ni siquiera te había enseñado una décima parte de él.

La primera vez que discutimos no llevabas una semana trabajando. Eras una fierecilla malcriada que no le gustaba que le dijesen cómo se hacían las cosas. En el fondo tenías la sospecha que, como el resto de tus trabajos anteriores, durarías poco o nada, pero no te importaba en absoluto.

La primera vez que te di la cara por tí llevabas quince días trabajando. Habías sufrido un accidente que te obligaba a coger la baja un par de semanas y los jefes querían echarte. Pese a que no nos caíamos bien, me pareció algo injusto. Me planté delante de uno de los jefes y le ataqué donde más le dolía. Funcionó y no sólo le convencí sino que además le dijo a los otros dos jefes que ni se les ocurriese echarte. Cuando te enteraste, flipaste, pero ni siquiera me diste las gracias.

La primera vez que te dejé sin habla caminabamos juntos por casualidad camino de la parada del autobús. Tú me comentabas alguna tontería del trabajo y yo pasé de tí. Te enfadaste,y me gritaste que me estabas hablando. Yo te contesté que estabamos fuera del trabajo, que no quería saber nada y que no hacía falta que disimulases e intentases entablar conversaciones banales conmigo, que yo ni era simpatico ni agradable. Me llamaste borde y te dije que nadie era perfecto, pero que prefería ser un borde a una niñata malcriada.

La primera vez que hablamos sin gritarnos fue un día poco después de volver de la baja. Yo estaba escuchando al mediodía la banda sonora de Piratas del Caribe y tú me dijiste que te gustaba Hans Zimmer. Me chocó que te gustasen las bandas sonoras y estuvimos un rato hablando de compositores. Al día siguiente en tu mesa aparecieron una veintena de cds, ninguno de ellos los habías escuchado nunca. Te dije que los escuchases las veces que quisieras, que ya me los devolverías. Te quedaste otra vez sin habla.

La primera vez que me comí un broncazo por tí fué por culpa de tu faena. No te fijabas demasiado y no te importaba nada. Pero dije a mis jefes que había sido cosa mia y cuando me preguntaste por qué lo había hecho te contesté "¿Que clase de compañero sería si no puedo tapar a los demás? A mi no me dirán nada, pero vigila la próxima vez". Sólo quería que aprendieras y que te centraras. No entendía por qué apenas te interesaba mantener el puesto de trabajo, aunque eso te acarrearía un gran problema en casa porque tus padres te matarían.

La primera vez que te eché de menos fue cuando te fuiste de vacaciones por Navidad. Cuando regresaste, quedamos un viernes para darme un par de cosas que me habías traido de Italia. Me dijiste que me habías echado de menos, que te faltaban mis gruñidos , mis quejas y las broncas constantes que te metía. Empezaste a hablarme de tu vida y empecé a entender ciertas cosas y porqué eras como eras. Por un momento nos quedamos mirando sin hablarnos. Ahí empezó todo.

La primera vez que te evité fué después de Navidades. Yo sabía que me estaba metiendo en terreno peligroso y que acabaría mal, así que puse todo mi empeño en intentar mantener las distancias sin llegar a ser un borde. Tu no lo entendiste, y llegaste a enfadarte un par de veces. Pero como buena cabezota que eras, seguiste viniendo a mi lado.

La primera vez que comimos juntos habías descubierto un sitio barato cerca de la oficina. No era sucio, ni cutre, ni caro, y se comía bastante bien. Pese a mi reticencia no pude decir que no. Lo pasamos bien, hablamos un poco de nuestras vidas y me dí cuenta que no podía ni quería evitarte. A la mierda los buenos principios, a la mierda las buenas intenciones. Por una vez mi lado egoista triunfó.

La primera vez que te ví llorar fué un día comiendo donde siempre. Tu tenías un horario distinto al mío, por lo que ibas un poco más tarde y te sentabas en mi mesa cuando yo estaba tomando café. Había días que yo te esperaba y llegaba tarde a propósito para verte cinco o diez minutos más. Aquel día apenas habíamos hablado. Te pregunté que te pasaba y rompiste a llorar. Te cogí la mano y no dije palabra, sólo esperé a que te calmases. Me lo contaste y te dije que todo iba a salir bien, que no te preocupases y que yo estaría a tu lado siempre. Me preguntaste por qué era tan bueno contigo siempre si te habías portado mal conmigo. Te dije que los amigos estaban para lo bueno y para lo malo. Ese día me pediste que te acompañase en el autobus. Desde entonces cogimos siempre el autobus de vuelta.

La primera cita que tuve contigo fue una tarde, despues de salir de la oficina. Querías ir a una cabalgata/festival como cuando eras pequeña y recoger caramelos. Yo acepté y reconozco que lo pasé de fábula. Luego fuimos a cenar a un libané y se nos hicieron las tantas. Volví a casa con los zapatos pegajosos llenos de azucar y más feliz de lo que había sido nunca. Desde entonces, una vez por semana ibamos a tomar algo, de compras o lo que fuese. Me contabas tus planes futuros, tus ilusiones, y te interesaste al confesarte que yo quería ser escritor.

El primer regalo que te hice fué un libro. Las Leyendas de Becquer. Me habías comentado que te gustaba Tim Burton y sobre todo La Novia Cadaver. Yo te dije que no era nada nuevo, si es que no habías leido a Becquer. Me dijiste que no, y al día siguiente aparecí con el libro.. Lo leiste enterito ese mismo día y te encantó.

La primera señal que me diste que algo no iba bien fueron los comentarios e historias que me contaste un día sobre tu por aquel entonces pareja actual. Ambos erais muy celosos pero él además te trataba como si fueses un objeto. Tú por algún motivo le hacías caso en todo y no querías darte cuenta que él no te quería como es debido y que no te cuidaba. Me dijiste que un día me lo ibas a presentar y te dije que mejor que no, porque iba a ser sincero y tal vez eso no le gustase.

La primera vez que te ví ilusionada fue cuando empezaste a bailar danza oriental estilo bollywood. Tu no lo sabías, pero hace diez años que yo tuve una página en castellano sobre ese estilo de peliculas, y tenía cientos de cds y dvds del tema. Te pasé muchos, te regalé unos cuantos y te copié otros. Eras la envidia de la clase, tenías material que nadie tenía. Incluso te compré en Inglaterra el Singstars que había dedicado exclusivamente a ello. Tu risa y tu alegría era mi droga, y veía en tus ojos que por momentos eras feliz cuando estabas conmigo.

La primera vez que ví a tus padres estaba muerto de miedo. Me habias convencido para que te acompañase a la academia pero curiosamente te habias olvidado la bolsa de baile en casa. Tus padres llevaban varios meses alucinando porque habías cambiado mucho. Seguías siendo una rebelde pero ahora tenias ideas muy distintas sobre muchas cosas, te empezaba a importar el trabajo y no parabas de hablar de mí en tu casa. Yo no sabía que hacer porque jamás he sido muy social con las personas "normales", no tengo pinta del noviete/ligue estandar tuyo y pensaba que tus padres se llevarían una decepción. Todo lo contrario. Tus padres estaban encantados conmigo y desde entonces tu madre no paraba de decirte que enviases a la mierda a tu novio y que salieses conmigo. Nosotros bromeábamos y me dijiste en muchas ocasiones que yo sería tu amante. Me cogias de la mano, me hacías pucheros y carotas, pero jamás discutíamos seriamente. Además reconocías que yo solía tener razón cuando te pegaba la bronca y no toleraba conportamientos infantiles ni rabietas. Era sincero y tu eso lo valorabas más que nada. Sabías que jamás te mentiría, y hasta la fecha he cumplido mi palabra.

La primera vez que te avergonzaste fue un día en una tienda. Estabas buscando una tela para un traje que querías hacer. Pero ni tu madre ni tú teníais demasiada idea de coser , así que convencí a mi madre para que lo hiciese ella. La vendedora nos pilló a los dos discutiendo sobre el tipo de tela y que si mi madre necesitaría varios metros. Ella te djo que tuvieses contenta a la suegra y que tu novio tenía buen gusto. Te pusiste roja como un tomate y le dijiste en voz baja que no era tu novio, que era un compañero de trabajo. Ni corta ni perezosa la vendedora te dijo que mucho mejor, porque así podías verme a todas horas del día. Yo te dije que hicieses caso a la señora y tu te pusiste más roja. Luego en una cafetería me confesaste lo avergonzada que estabas y yo me reí
como no me había reido nunca.

La primera vez que me llamaste de madrugada estabas borracha. Normalmente los viernes por la noche cenabas con tus padres y acababas bebiéndote una botella de whisky con tu padre. Me dijiste que me querías mucho y que no sabías por que , pero estando a mi lado eras feliz. Me dijiste que no sabías realmente que era yo para tí, si un amigo o algo más, pero que me querías. Estuve más de dos horas al teléfono hasta que te dormiste. Otro en mi lugar se hubiese aprovechado de la situación. Yo como soy bueno o gilipollas (según se vea) aguanté el chaparron. El lunes siguiente al verme estabas muerta de vergüenza. Yo aparenté no darle importancia, sólo te metí una reprimenda por emborracharte. Pero en el fondo me dejaste turbado. Porque cada días que pasaba a tu lado crecía mi cariño hacia . Y el tuyo hacia mí también. Lo veía en los comentarios, en las excusas de quinceañera, en las peticiones tontas de acompañarte...

La primera vez que te dormiste a mi lado fué en el autobus. Llevabas días sin apenas dormir, intranquila y con nervios. Lo estabas pasando mal, con tu familia y con tu novio. Nadie te entendía, nadie excepto yo. Llorabas a escondidas en el lavabo, en el ascensor, al salir de la oficina... Me gritabas que no eras más que un trozo de carne, que nadie te entendía. Yo me quedaba callado a tu lado, a veces te abrazabas y llorabas. Aquel día estabas tan cansada que apenas podías caminar, pero te negaste a que te acompañase a casa. En el autobus cerraste los ojos y murmuraste que te avisase cuando fuese tu parada. Apoyaste la cabeza en mi pecho y del agotamiento te dormiste al momento. Parecías un angel.

La primera vez que me preocupaste fue cuando te dió un ataque enmedio de la oficina. Tenías alergia agravada por la humedad y un gripazo, y se te cerraron los pulmones. Corrí a buscarte el espray y metí la mano en tu boca para obligarte a que pudieses respirar. Nadie en la oficina movió un dedo por tí, pero yo me quedé contigo en la salita de entrada más de una hora. Estabas estirada en el sofá tapada con dos chaquetas. Puse la calefacción y me pasé todo el rato a tu lado, cogiéndote la mano. Quise llevarte al hospital pero te negaste en rotundo, aunque te convencí y te metí en un taxi a casa (no quisiste que te acompañase). Le dije al jefe que te habías ido y que no volverías hasta que no estuvieses recuperada, que no había discusión posible. Te llamé todos los días durante esa semana, pero no querías que te fuese a ver. No te gustaba que te viesen en tu faceta de debilidad, pero me diste las gracias por haber estado a tu lado.

La primera vez que te dije que te quería fué cuando me dijiste que ibas a dejar a tu novio. Te dije que yo siempre había sido sincero contigo y que tenías que saber que me gustabas, que todos estos meses me había dado cuenta que no sólo tú habias cambiado, yo también había cambiado mucho. Me había vuelto más sociable, mas abierto, más tolerante. Ya no era un friki borde, un ogro sin corazón. Me habías devuelto la ilusión por vivir. Obviamente no esperaba una respuesta positiva pero que tenías que saberlo y que, fuese cual fuese tu decisión, yo estaría atu lado siempre que me necesitases. Me dijiste que eras especial, que juntos nos mataríamos, pero que lo pensarías.

Lamentablemente ya no hay más primera vez. Han ocurrido demasiadas cosas y has acabado renunciando a todo lo que habías conseguido este último año. Tu estabilidad, tus valores, tu sentido de las cosas, tu alegría... lo has cambiado todo por una falsa burbuja de protección donde no te importa ya nada. Ya no hablamos más salvo pequeñas frases debido al trabajo. Intentaste recuperar parte del pasado acercándote a mi con creyendo que no había pasado nada, pero olvidaste que no sólo me heriste de amor, sinó que envenenaste mi alma, retorciste mi alegría y me escupiste en la cara mientras pretendías no hacerlo. Aún siendo amigos y no amantes, jugaste con mi amistad y la retorciste, queriendo luego recuperarla cuando el daño ya estaba hecho. Me has roto por dentro, tengo los nervios destrozados y las ilusiones muertas.

Y aún tuve un último momento de lucidez y sinceridad. Te dije que no quería saber nada más de tí, que habías demostrado ser una niña malcriada y egoista pese a la infinidad sacrificios y las cientos de veces que luché por demostrar lo contrario y por hacer de tí mejor persona. Pero ni entonces lo entendiste. Me dijiste que no te enfadabas, que agradecías todo lo que había hecho por tí y cómo había estado siempre a tu lado. Aunque desde el principio sabía que no podía salir bien, continué al ver algunas señales de esperanza, al contemplar que una parte de tí me quería y no sabía decidir que hacer.

Es la primera vez que escribo algo así sobre alguien. No me pregunteis porqué. Tal vez sea para desfogarme, para quitarme de encima el agobio que llevo pese a llevar varios días de vacaciones. Algunos me conoceis lo suficiente y sabeis la respuesta. Direis que me olvide de ella, que ahora lo veo todo negro, que el tiempo lo cura todo, que no ha hecho mas que joderme la vida, que no se merece alguien como yo o que no me merezco alguien como ella. No sabéis como agradezco los animos que me dais a diario, algunos en persona, otros por correos que he recibido o por teléfono.

Pese a todo, no puedo evitar seguir pensando que la quiero. Porque eres la persona que más he querido en mi vida. La luz que me ilumina y la llama que me consume.

sábado, 21 de marzo de 2009

Recuerdos

Me acuerdo como si fuese ayer. De las pocas chicas por las cuales he llegado a sentir algo, Bárbara ha sido la que tal vez pueda considerar el amor de mi vida. Me la presentó mi amiga M, hará más de diez años. Por aquel entonces yo estaba muy metido en el mundillo de los fanzines y el cómic. Conocíamos a casi todos, escribía junto con mi hermano para una de las primeras revistas “profesionales” y acabábamos de publicar un libro. De hecho a M la había conocido en un Salón del Comic, y aunque ella trabajaba en la competencia, nos encontrabamos en salones, tiendas, librerías… por lo que entre frikada y frikada nos hicimos amigos (y aún lo somos y la quiero mucho ^__^).


Por esas fechas no tenía las obligaciones económicas actuales y aunque ganaba mucho menos que ahora, podía dilapidar todo el dinero en libros, cómics y frikadas varias. Yo me había obsesionado con una serie de anime, y me compraba las cintas vhs directamente en Japón a través de un servicio de importación que me cobraba un ojo de la cara (en la época en que internet era un lujo). Así que M se venía a casa varias veces al mes, y algunos días traía compañía. Fue así como conocí a Bárbara. Tenía 4 años menos que yo, una pequeña melena algo rizada hasta los hombros y los ojos verdes más hermosos que he visto en mi vida. Obviamente caí fulminado.


Por aquel entonces yo era un gañán que sólo conocía a las chicas porque salían en el Manual Monstruoso de Dungeons&Dragons (en el apartado de demonios), y apenas me había interesado por el sexo opuesto (mira que llegué a ser tonto en mi juventud…), por lo que la idea de sentirme atraido hacia ella (esas feromonas…) me producía pánico. Era una chica alegre y simpática, con sus pequeños ataques espontáneos de burradas (M también era y sigue siendo así), y pese a mi miedo no le importaba que fuese un poquitín friki. Así que nos hicimos amigos enseguida.

Ella estudiaba filología eslava, polaco y ruso. Su família descendía de una antigua família de la alta nobleza rusa. Su abuela tuvo que huir del país con el alzamiento socialista y acabó en España. Recuerdo con gran cariño a su madre, profesora de música, una de las personas más cultas que he conocido en toda la vida, la cual estaba encantado porque su hija traía a un amigo que no fuese un “cabeza hueca”. En esa época un servidor además de los comics y el rol le interesaban la filosofía, la literatura, los museos, etc…


Por supuesto una chica así no estaba libre. Bárbara tenía un novio oficial, a pesar que todo el grupo de amigos sabía que no lo veía muchas veces y que había tenido escarceos con bastantes otros chicos. Poco a poco se aficinó a estar conmigo, a mantener largas charlas por teléfono y en la puerta de su casa, a ir a buscarla los viernes al salir yo de la oficina para irnos al cine y a cenar, ya fuese solos o con algunos amigos. Me encantaba estar con ella, el tiempo no existía para ambos cuando nos poníamos a parlotear como si fuésemos dos marujas en la peluquería. Ya fuese sobre cine, arte, filosofía, comics… Me acuerdo como si fuera ayer la cara que puso un año para su cumpleaños cuando le conseguí en china los dvds subtitulados de toda su serie favorita de anime….


La vicié al cine de Bollywood cuando en este país no estaba de moda entre las chavalillas, al cine oriental, tanto el de Hong Kong como el coreano, le traía cds que conseguía pirateados en Pakistán a través de unas tiendas del Raval, así como dvds comprados en Corea con los últimos estrenos. De hecho le regalé e instalé mi primer Pentium 400 cuando me cambié el ordenador con una de las primeras unidades de dvd que llegó aquí, usando la excusa que me iba a cambiar de ordenador, auque fue simplemente para regalárselo y que así pudiese ver los dvds en casa y de paso ser la envidia de todas sus amigas. También le compraba libros de autores de fantasía y ciencia ficción en Amazon, y la enganché a la saga de novelas de Miles Vorkosigan de Lois McMaster Bujold.


De ella aprendí el gusto de disfrutar una película en versión original subtitulada, fuese de donde fuese. Me vició al té cuando yo nunca lo podía soportar y consiguió que me encantase. Ella tenía largas “discusiones” con mi hermano sobre la concepción del cine de Kubrick, y fue quien le puso el sobrenombre de “Emperador del Universo”, con el cual se quedó durante mucho tiempo. En nuestros cientos de visitas al cine Verdi, un día nos tuvimos que encerrar en un portal porque toda la policía de Barcelona acordonó el barrio de Gracia en una batalla campal con unos okupas. Recuerdo el miedo que pasó y cómo se abrazó a mí todo el rato mientras el corazón me iba a mil por hora.


De hecho pasaba yo más tiempo con ella que su “novio”, algo que a sus padres les importaba poco porque yo les caía mejor (mi eterna maldición…). Pero había un pequeño problema. Ella era demasiado “especial”. Era una pequeña rebelde, alguien a que no gustaba que no le diesen la razón o que le llevasen la contraria. Y tenía un defecto de empatía social. Necesitaba estar rodeada de gente y ser el centro de atención, aunque eso significase liar una gorda. Por donde iba, le seguía un corrillo, algo que acabó incomodándome porque la mayoría de ellos eran gente sin cabeza o espabilados que querían ver si podían ligársela un par de días. Yo hacía como que no me importaba, seguía con ella, aguantaba sus aires y seguíamos con nuestra amistad. En la época de los salones del cómic yo pedía fiesta y nos paseabamos el primer dia, cuando no hay casi visitantes, mirando tiendas y exposiciones. Yo le compraba alguno de los libros de ilustraciones que le gustaban y algún cd, y ella no paraba de repetir siempre lo mismo: “Me cuidas demasiado”.


Pero lamentablemente todo tiene un fin en esta vida. Ella sabía que me gustaba, se lo habían dicho sus amigas y yo se lo había dicho un par de veces, pero pese a ello manteníamos nuestra amistad. Yo la respetaba y la cuidaba, y ella no quería en parte perder ni mi amistad ni mi cariño. Pero un dia me dijo algo que me llegó al corazón: “Sé que te gusto, pero eres demasiado buena persona y no querría hacerte daño. Por eso sabes que no podríamos estar juntos, no aguantaríamos y no quiero dejar de ser como soy.”

Por su parte en esos días ella me había presentado a una amiga suya. Al principio fue bien pero en realidad la pobre estaba desquiciada, era una total obsesa del manga y de las cronicas de Anne Rice y de ahí no salía, además de tener un genio de cuidado. Así que acabamos casi antes de empezar.


Yo seguí viendo a Bárbara durante medio año más o menos, pero entonces sus padres se iban a ir fuera de Barcelona y ella no quería ir con ellos. Como no tenía trabajo se peleó con sus padres y se fue a vivir a casa de su “novio”. Unas semanas antes de eso, yo decidí que tenía que dejar de verla. Estaba demasiado obsesionado con ella y temía ser una carga para su relación. Así que de la noche a la mañana desaparecí de su vida. Dejé de ir a su casa, de llamarla, pero no pude dejar de pensar en ella. Le preguntaba a M cómo le iba y ella me contaba que tambien preguntaba por mí y que se le veía más apagada. Una tarde, tomando café en la plaza Catalunya con M, me dio el peor ataque de histeria que jamás me ha dado, perdí la noción de todo y las ganas por vivir y anuncié en voz alta mi intención de matarme, ya que la vida había dejado de tener sentido para mí. Reconozco que fue tal vez la mayor estupidez que jamás he hecho, pero gracias a que M estaba ahí ,impidión que servidor abandonase este mundo por la vía facil. Hacer llorar a una de las personas que más quieres es tal vez lo peor que puedes hacer como persona, pero las súplicas, ruegos y amenazas de M me devolvieron la cordura lo suficiente para jurar que jamás haría ni diría nada parecido por muy mal que estuviese. Durante semanas actué como un vegetal insensible. Comía, trabajaba y andaba por mimetismo, pero fue la cabezonería de M y de su marido lo que poco a poco me devolvió a tierra firme. Durante los casi quince años que nos conocemos me han ayudado mucho y yo les he procurado ayudar lo máximo también. Pero me estoy yendo por la tangente, para variar…


Con el tiempo dejé de preguntar y M no me contó nada más, para que poco a poco se fuese cerrando la herida. Con los años tuve varias intentos de tener pareja los cuales acabaron todos fatal y, aunque jamás dije nada, seguía viendo aquella sonrisa y aquellos ojos verdes cada vez que cerraba los ojos. Realmente hasta que no conocí el año pasado a mi último fracaso no dejé de pensar en ella. Y eso que la volví a ver.


Ocurrió hace cuatro años. Bárbara había roto definitivamente con su novio (me enteré después) tras un largo estira y afloja de meses de crisis de pareja. Un día me llegó un mensaje al móvil que decía simplemente “¿Cómo estás?”. No pude evitar llamarla y tras una hora de conversación, quedamos una tarde. La llevé a mi cafetería favorita (que ya no existe) y hablamos de los buenos tiempos, de las burradas que hicimos, de los planes futuros. Yo empezaba a tener ya la base sólida para mi primer libro de verdad, y ella quedó entusiasmada por la idea que quisiese ser escritor. Había estudiado bastante teoría narrativa y le encantaron las ideas que tenía. En toda la tarde jamás hablamos de su ruptura, salvo que entendió que yo desapareciese de enmedio años atrás. La acompañe hasta el tren y mientras nos despedíamos nos dimos un largo abrazo. Ella prometió llamarme para ir viéndonos mientras me decía “Siempre fuiste un gran amigo”. Yo por mi parte sabía que era mentira, que no me llamaría y que seguramente no la volvería a ver jamás, y no pude evitar que una lágrima se me escapase. Desde entonces no se nada de ella, salvo el mismo mensaje en el móvil cada fin de año para felicitarnos el año.


Hoy he encontrado la única foto que tengo de ella. Ninguno de los dos éramos amantes de las fotografías, simplemente preferíamos pasar el tiempo juntos. Pero esta es especial, no sólo por su rareza. Nos la hicimos el último salón del comic al que fui. Me costó semanas convencer a mi madre para que le hiciese el disfraz de Utena que quería llevar, hasta que lo conseguí. Ver esos ojos verdes me ha devuelto por un instante toda la felicidad de esos años.


Algunos pensaréis que es una falsa felicidad, algo obsesiva tal vez, y que todo no fue más que un sueño imposible de adolescente. Pero al fin y al cabo fue felicidad. He tenido que parar varias veces mientras escribo estas lineas porque se me han llenado los ojos de lágrimas.

Sólo espero que esté donde esté, al menos ella sea feliz.

jueves, 12 de marzo de 2009

La fuerza del destino

Todavía recuerdo mi primer concierto. Mi hermana y su amiga Julia nos invitaron a ver el concierto de Mecano en Barcelona de la gira "Descanso Dominical", en el verano del 88. Tenía 13 años (mi hermana 24) y me acuerdo como si fuera ayer que la plaza Monumental estaba a reventar de gente. Teníamos entrada de grada, pero decidimos bajar abajo, a la pista. No hay que decir que alucinamos.

Aquel año ponías la radio en cualquier momento y sonaba Mecano. De hecho acabé aborreciéndolos, sobre todo cuando mis gustos musicales "maduraron" (ejem...)

Menos una canción.

La fuerza del destino.

Me enamoré de esa canción. Llamadlo ñoñería, estupidez,... da igual. Veinte años después aún se me pone la carne de gallina si la escucho. Tal vez sea porque en el fondo de mi mente ansié en más de una ocasión que me sucediese a mi también. O tal vez porque estoy tarado. Da igual.

Hay muy pocas canciones que consiguen un efecto parecido. Si me tiráis de la lengua algún día escribiré un post sobre ello.


Nos vimos tres o cuatro veces
por toda la ciudad.
Una noche en el bar del Oro
me decidí a atacar.

Tú me dijiste diecinueve
no quise desconfiar
pero es que ni mucho ni poco
no vi de dónde agarrar.

Y nos metimos en el coche
mi amigo, tu amiga tú y yo
te dije nena dame un beso
tú contestaste que no.

Empezamos mal y yo que creía
que esto era un buen plan.

Aquella noche fue un desastre
no me comí un colín
éstas son sólo un par de estrechas
nos fuimos a dormir

Pero la fuerza del destino
nos hizo repetir,
dos cines y un par de conciertos
y empezamos a salir.

No sé si esa cara tan rara
un ojo aquí y un diente allá
o el cuerpecillo de gitana
mujer a medio terminar.

Tu corazón fue lo que me
acabó de enamorar.

Y nos metimos en el coche
mi amigo, tu amiga tú y yo
te dije nena dame un beso
tú contestaste que no.

Empezamos mal y yo que creía
que esto era un buen plan.

Y desde entonces hasta ahora
el juego del amor
nos tuvo tres años jugando
luego nos separó.

Pero la fuerza del destino
nos hizo repetir
que si el invierne viene frío
quiero estar junto a ti