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domingo, 21 de noviembre de 2010

La camiseta de dormir


Todos tenemos una, la que nos ponemos sólo para dormir siempre que podemos (a no ser que esté en la lavadora). No tiene que ser nuestra mejor camiseta pero muchas veces suele ser una que en su día llevamos y ahora que es vieja no queremos verla convertida en trapos para limpiar. Un día nos la pusimos para dormir y resultó ser la más cómoda, la más fresca y con la que mejor dormíamos. Es amor a primera vista y no lo podemos evitar.

Normalmente intentamos conservar esa camiseta el máximo tiempo posible. Llevamos a esconderla de madres/pareja para que no nos la tiren, volviéndonos un tanto paranóicos. En ocasiones nos condenan al ostracismo hogareño (¿Donde vas con eso? ¿Aún llevas esos pingajos?) si nos ven con ella puesta.

Poco antes de irnos a dormir la buscamos, aunque puede ocurrir que la llevemos puesta desde antes de la cena. Pero si no la encontramos nos podemos nerviosos ¿Dónde la puse? ¿La habrán tirado? ¡Pero si estaba limpia! son las frases más comunes que se escapan de nuestros labios en ese momento. Luego la desesperación (¡Me la han tirado!) y la cólera (¡No habrán sido capaces de hacerla trapos!).

Y un día sucede LA TRAGEDIA. Nos pasamos con la lejía, nos enganchamos con algo o simplemente ya no es posible remendarla o zurcirla para salvarla del cruel destino. Mientras practicamos la eutanasia textil y la convertimos en trapos (o la tiramos, depende de su estado) algo muere con nosotros. Es como llevar a tu mascota favorita al veterinario para ponerle sacrificarla. El horror.

Pero nos reponemos y siempre conseguimos una que remplace nuestra pérdida. Aunque a veces cuesta mucho. Lo único que puede aliviar tal pérdida es que a veces ya desponemos de uno o dos repuestos. Si eres previsor alternarás tu camiseta amada, teniendo siempre un par de favoritas como mínimo.

Obviamente todas estas tontunas no sirven si sois de los que duermen con pijama, camisón, ropa interior o en desnudos. Yo particularmente prefiero dormir en camiseta salvo los días de calor infernal.

Y como cierre, os desvelaré cual es mi camiseta favorita. Hace muchos años me regalaron una camiseta del Dangerous Tour de Michael Jackson, del año noventa y pico, un colega que había hecho camisetas para la gira en cuestión. Yo la alternaba con una de Utena que me había comprado también hace muchos años, pero esa acabó hecha un asco. Sin embargo, pese a estar descolorida tras muchas lavadas, la camiseta de MJ ha aguantado el paso del tiempo y es supercómoda para dormir.

jueves, 18 de junio de 2009

Centrália, la caldera del Infierno

En el condado de Columbia, en Pennsylvania, existe tal vez la ciudad fantasma más aterradora
del mundo: Centralia. A mediados del siglo XIX se creó la pequeña comunidad minera de Centreville para extraer la ricas vetas que la empresa Locust Mountain Coal and Iron Company había descubierto en la región. En 1865 y debido a motivos legales con la oficina nacional de correos, la ciudad cambió su nombre por el de Centralia. Durante más de 100 años las ricas minas de carbón y antracita convirtieron a la región en una de las más ricas en recursos de todo EEUU. En mayo de 1962 un suceso aparentemente inofensivo inició la tragedia.


Varios operarios contratados para limpiar la ciudad para los festejos del Memorial Day (último lunes de mayo). Como cada año los operarios quemaron parte de la basura a las afueras de la ciudad, cerca del cementerio de Odd Fellows. Sin embargo el fuego no pudo apagarse y pasó del viejo recinto minero aparentemente agotado donde se originó y fue propagándose por varias de las viejas minas.


Durante los años 60 y 70 se intentó apagar sin éxito el fuego, y empezaron a aparecer los primeros casos de intoxicación por gas que se filtraba del subsuelo, así como falta de oxígeno en algunos lugares. En 1979 John Coddington, propietario de una de las gasolineras locales se dió cuenta que los tanques subterranesos de combustible de su propiedad estaban a una temperatura alarmante. En 1982 aparecieron varios agujeros en las calles de la ciudad, uno de los cuales de más de 40 metros de diámetro se hundió al paso de un niño, el cual pudo ser rescatado.



El fuego había alcanzado una veta activa, iniciando una serie de fuegos subterraneos en cadena que se propagaron rapidamente por todo el subsuelo de la región. El mayor problema que se encontraron los bomberos es que la veta principal de carbon y antracita recorre todo el subsuelo de centralia y actua a modo de caldera subterranea inaccesible para su extinción. Por ello, en 1984 el Congreso de los EEUU aprobó un plan de más de 40 millones de dolares para recolocar a los residentes en las poblaciones cercanas de Ashland y Mount Carmel, y se cerró la ciudad. Pese a ello algunos residentes decidieron quedarse a vivir.


En el año 2002 el servicio postal americano revocó el codigo postal, el 17917. La mayoria de los edificios de Centralia fueron demolidos en el año 2007 para preveer la afluencia masiva de curiosos que acudian para comprobar la ciudad "en llamas", poniendo en peligro sus vidas por la inhalación de gases y la súbita ruptura de calles y carreteras debido al calor. Las únicas instalaciones operativas que sobrevivien son los cementerios y la iglesia local, que sigue ofreciendo los sermones dominicales. El gobierno ha abandonado los planes para apagar el fuego subterraneo, y estudios sobre el terreno han calculado que en el subsuelo de la ciudad hay combustible mineral suficiente para que continue ardiendo los próximos 250 años.

El director Christophe Gans y el guionista Roger Avary se basaron en Centralia para la adaptación del videojuego Sillent Hill en el año 2006.